viernes, 18 de julio de 2014

Apuntes sobre la independencia



Independencia es una palabra que me gusta. Como término político me encanta, pues tiene unos significados históricos de mucha lucha y un sabor a tierra prometida nunca conquistada. Me gusta como la democracia: con todo y ese halo de utopía que las rodea, pero que las mantiene vivas. ¡Palabras nada más!

Pero amo decir que soy comunicador independiente, periodista independiente, activista LGBT independiente… A todo lo que hago me encanta ponerle ese apellido… ¿Pero realmente existe esta independencia? Ser independiente es posible, pero el precio a pagar muchas veces es que te excluyan de algunos escenarios. Ejemplo aleatorio: Quiero aplicar a un curso X porque me parece buenísimo; pero mi trabajo como Activista-Periodista-Comunicador-Bloguero- o lo que sea no es suficiente sin una organización que me avale… ¿Ah? ¿Ah? ¿Ah?

Así es, aunque sé que hay gente linda y organizaciones, pocas, y muy alternativas como para valorar el trabajo de alguien independiente. Con esto no quiero subvalorar la importancia de organizarse para hacer frente a determinadas realidades y contextos, pero ¿por qué luchar tanto personal y colectivamente para ser independientes si al final no te quieren reconocer tu trabajo?  No sé. Contradicciones del sistema (y la vida).

¿Vale la pena trabajar en nuestra individualidad e independencia o nos diluimos en la colectividad? El equilibrio, en este caso, es importante. Pero ser equivalentes desde ambos lugares sería el máxime de mis expectativas  utópicas.

Ilustración tomada del muro de la fanpage "Soy Fan de Quino"

martes, 15 de julio de 2014

No es un manifiesto twink


Fotografía by Simon Harris tomada de la Revista ADN

 Nuestro mundo ama las etiquetas. Si, no está demás decirlo ni recordárselos. Las ama. Ama estigmatizarnos y discriminarnos. Sí, todo el mundo. No importa la etnia, orientación sexual, el sexo o la cultura a la que pertenezcamos. Siempre buscarán cómo segmentarnos y en base a esto concedernos o quitarnos derechos. Y es ahí donde inician todos los males. No en las etiquetas, si no en lo que le atribuimos a estas.

Salía con alguien que una vez dijo que yo le gustaba por ser twink. ¿Qué? ¿Tuin- qué? ¿Cuándo me definí así? Bueno, y como el inglés no es mi lengua materna, claro está, y mis conocimientos sobre la misma son prácticamente básicos, emprendí la tarea de investigar y de preguntar a mis amigas… Fui a internet y además de la definición de wikipedia (muy atinada por cierto) lo demás que encontré fue una subcategoría de pornografía gay y un sinfín de productos, marcas y estilos de ropa asociados a este nombre. Ninguno dista de otro y están muy relacionados.

Resulta que lo twink vendría a ser un término peyorativo en el argot o el habla urbana de Estados Unidos. Es un término utilizado para clasificar o etiquetar despectivamente a gays (jovencitos), relacionándolos directamente con lo femenino y, por lo tanto, desdeñables para algunos. Y, aunque hay una gran inmensidad de adeptos que los aman y prefieren, pues hay otra gran cantidad que los menosprecia. ¿Menospreciados por qué? Por relacionarlos con cualidades atribuidas (machistamente) como “femeninas”.

No sé si existirá una palabra comparable en español, pues el “afeminado” o el “maricón” son ostensibles a todos los hombres homosexuales, especialmente, a los que “se les nota” o “están fuera del closet”. Entonces, evidentemente, estamos ante una subcategoría quizá surgida desde la misma comunidad gay o, para ser más creíbles y específicos, digamos que de la comunidad gay gringa y capitalista. De la industria del entretenimiento, particularmente del porno gay, como uno de los principales generadores de representaciones de la corporalidad y sexualidad disidente.

He aquí, sin considerarme a mí mismo como twink, pretendo señalar algunas características de esta forma de masculinidad alternativa y disidente en comparación con otras masculinidades hegemónicas también disidentes que, si bien no son opresivas de las mujeres, guardan implícitamente cierta complicidad con el sistema patriarcal y machista que rechaza y devalúa todo aquello que entiende como femenino.

Entre miembros de la comunidad gay de mi país a menudo escucho expresiones como “la pasiva”, “el cochoncito”,  “la mujercita”,  “el mariconcito”... Todos estos términos nunca han tenido en Nicaragua connotación positiva alguna y sus significados en los imaginarios colectivos están diseñados para menospreciar lo femenino. El uso de estos en determinados contextos, incluso, dentro de la misma comunidad LGBTI vendría a representar –ampliamente- la continuidad del machismo y el patriarcado filtrado dentro de estos colectivos. 

Esta masculinidad gay-alternativa-disidente, llámese twink, llámese masculinidad-femenina, posee características particulares que la contraponen de otras masculinidades hegemónicas como la heterosexual o la masculinidad-gay que se apropia de elementos antes exclusivos para hombres heterosexuales, sobretodo, de la apariencia y estética: Esos gays que “no se les nota”. 

Una característica principal de lo twink es que como toda identidad no es ni será fija o establecida para siempre, si no que está en constante construcción a partir de la interacción en un contexto donde los discursos sobre los cuerpos, sexualidades y géneros operan como máquinas discursivas que dan forma a estas identidades. (Butler, 1990) (Acevedo, 2013)

La identidad twink es más transgresora que otras masculinidades. La masculinidad-femenina de un hombre siempre pondrá en cuestión el sistema binario de correspondencia sexo-género y deseo sexual. No tendría problema en asumirme twink de esta manera, desde esta definición, pero quienes buscan encasillarnos en esta etiqueta, además de menospreciar esas representaciones “femeninas”, se apropian de un cúmulo de elementos corporales, para volvernos objetos-fetiches del patriarcado y del machismo.

Así que, sorry, no soy twink, simplemente transgredo…

Fotografía by Simon Harris tomada de la Revista ADN
 

domingo, 13 de julio de 2014

Los muchachos reivindicativos de Alfredo Roagui




Hoy he venido a presentarles a uno de los ilustradores que más amo, después de Paula Bonet, por supuesto. Alfredo Roagui, un joven mexicano que además de trabajar o colaborar con sus ilustraciones para diversos medios de comunicación, dibuja para reivindicar los derechos de la comunidad LGBTI en el mundo. Y, sin duda, es uno de los más aclamados por quienes gustan de ese arte transformador. Y es que todo arte es transformador creo yo.



Las ilustraciones de Roagui muchas veces están orientadas al entretenimiento o al ocio, pero sin dejar de lado esa parte reivindicativa. Cabe señalar que abundan los muchachos en sus dibujos. Esta característica lo convierte en preferido por la comunidad de hombres gays mayormente.


Ya su trabajo ha sido definido como de un estilo “Disney para adultos”, pues los colores, el mundo de ensueño y los trazos tan limpios y redondeados de sus dibujos los cargan de inocencia y mucha sensualidad.


 Hay mucha gente que le critica el hecho de crear y proponer estereotipos de hombres que distan de la diversidad étnica de Latinoamérica, por ejemplo. De contribuir también al imaginario colectivo de que la comunidad gay es una comunidad superficial que no ve más allá del homoerotismo. 


Sin embargo, yo creo que el arte no tiene que ser, por obligación, representativo ni del autor ni de un espacio-temporal. Habrá sus vínculos y sus influencias, pero exigirle a un artista que sea de determinada manera para satisfacer nacionalismos absurdos se me hace una completa pasada. 


Roagui es un ejemplo y un referente de propuesta gráfica mexicana. Su activismo y su trabajo artístico hacen que sea uno de los ilustradores que me inspiran.


*Fotografías e ilustraciones
tomadas de la cuenta de instagram

jueves, 10 de julio de 2014

Mi querido León, te quiero de día… te quiero de noche...



Momentos felices uno va cosechando en todos lados y yo he tenido muchos en León. Divertidos y alucinantemente surrealistas también, pues ya se acordarán de aquella frustrante situación.  He aquí una secuencia de fotos, de las que, ocasionalmente suelo compartirles: ¡León!  




 
 


 



*Fotografías 
por Waldir Ruiz  
y Joanna Wetherborn 
(aquellas donde salgo yo Jaja)